
El primer partido obrero de la historia de
España, creado en 1879, y una de las principales fuerzas políticas de ese país
durante las épocas en que ha vivido bajo el sistema político democrático.
Fue fundado en Madrid, en 1879, tras la escisión del pequeño grupo madrileño (el denominado ‘grupo de los nueve’) respecto de la Federación Regional Española de la I Internacional (AIT) y la decantación de aquél hacia el socialismo marxista, frente a la corriente mayoritaria de signo anarquista. Aprobados sus Estatutos en el Congreso de Barcelona de 1888, comenzó su andadura histórica en solitario, sin alianzas con fuerzas burguesas según la estrategia rigorista diseñada por Pablo Iglesias. Los débiles resultados obtenidos con el aislamiento promovieron, escudándose en la Semana Trágica y el rechazo al gobierno de Antonio Maura, un giro táctico y la conjunción con los republicanos en 1909, que pronto se tradujo en la obtención de un escaño parlamentario para su carismático líder (Pablo Iglesias) y en una mayor implantación política nacional. Actitudes como las mantenidas por el partido en la tensa crisis de 1917, y la inclusión en sus horizontes ideológicos de un programa agrario y municipal, contribuyeron a este progresivo afianzamiento en el mapa político español y a una mayor redistribución geográfica (incorporación de Andalucía y algunas zonas extremeñas).
El ‘pleito de las Internacionales’ y la
ruptura comunista, consumada en 1921, sumieron al partido en una aguda crisis,
la cual contribuyó a acentuar la dictadura de Miguel Primo de Rivera y la
actitud colaboracionista del socialismo en medio de fuertes disensiones
internas. La II República significó, por primera vez, su acceso al
gobierno en 1931, desde donde desarrolló, en corresponsabilidad con los
republicanos, una ambiciosa tarea reformista y modernizadora, capitalizada en
un intenso ritmo expansivo en votantes y afiliación.
La victoria franquista en la Guerra Civil
(1936-1939) arrastró a los socialistas al exilio y la dispersión, hasta el
retorno democrático con la monarquía de Juan Carlos I, a cuyo advenimiento pacífico contribuyeron, junto a
otras fuerzas políticas y sindicales proscritas en el régimen anterior, dentro
del proceso que dio en llamarse transición. El espectacular triunfo del PSOE en
las elecciones generales de 1982, ganadas por mayoría absoluta, y los sucesivos
resultados electorales le mantuvieron, por espacio de catorce años, al frente
del gobierno de España bajo la presidencia de Felipe González.
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